Mechoneo a la inclusión

Cada mes de marzo miles de nuevos estudiantes ingresan a la Universidad. Para algunos será la continuidad de sus estudios, para otros el inicio de los mejores años de sus vidas, no pocos serán los primeros de su familia que ingresan a un aula universitaria, sin lugar a dudas, detrás de cada “mechón” hay historias de esfuerzo, noches de estudio, nervios y esperanzas. Algunos de estos mechones han debido sortear barreras para otros inexistentes, por ejemplo, aquellos que tienen una discapacidad.

Este inicio de año académico 2026 nos invita a mirar más allá de la superficie. ¿Están las aulas universitarias preparadas para recibir la diversidad que golpea sus puertas?.

El camino no ha sido corto. Desde la Ley 20.422, que sentó las bases de la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad, hasta la Ley 21.091 sobre Educación Superior, hemos avanzado hacia un estándar de accesibilidad universal. No se trata solo de cumplir un reglamento, sino de entender que el sistema de acceso debe ser un puente, nunca una barrera que limite la participación.

Algunos avances que nos muestran los números.

Lo que antes era una excepción, hoy se ha ido consolidando de manera contundente. Si miramos hacia atrás, y de acuerdo con los datos publicados por el DEMRE, en 2017 se registraron 733 solicitudes de ajustes razonables en las pruebas de acceso. Para este 2025, la cifra escaló a 22.631 solicitudes, con más de 16.000 aprobaciones.

¿Qué nos dice esto? En primer lugar, que los estudiantes con discapacidad están ejerciendo los derechos que les corresponden. En segundo lugar que, al parecer, se ha dado una respuesta a esa exigencia.

¿Y una vez adentro qué?

Afortunadamente, el ecosistema universitario chileno ha respondido con programas cada vez más robustos. Varias universidades cuentan con iniciativas importantes que se han ido consolidando en el tiempo, destacando la Red de Universidades Estatales por la Inclusión, donde instituciones de todo el país comparten «buenas prácticas» para que la inclusión no dependa del presupuesto de una sola sede, sino de una política de Estado que garantice el acceso, la permanencia y el egreso de estudiantes con discapacidad.

Acciones como la creación de vías de ingreso especial y la generación de material didáctico ajustado son hoy el estándar de esta red. Esto tiene un impacto muy relevante, especialmente desde el enfoque de derechos y la accesibilidad universal, que nos recuerda que la inclusión es una riqueza pedagógica que nos beneficia a todos, no solo a quienes reciben el ajuste.

Un Compromiso de Todos

Este marzo, mientras las universidades abren sus puertas, el mensaje es claro: la inclusión se vive en el día a día y en ello toda la comunidad universitaria tiene una responsabilidad: el docente ajusta su evaluación, el compañero cuando comparte sus apuntes en un formato legible o cuando la infraestructura permite que todos transitemos el campus con dignidad.

Sin lugar a dudas que falta mucho por avanzar, pero la universidad debe tener ese carácter “universal”.  Porque una educación superior que valora la diversidad no solo forma mejores profesionales, sino que construye una sociedad mucho más justa y humana.

A todas y todos quienes ingresaron este año a la universidad les deseamos el mayor de los éxitos y recuerden que cada uno de ustedes pueden contribuir a que este espacio de conocimiento sea mejor.

Felipe Lavanderos Cornejo

Related Posts